emplo que posee unos fabulosos murales atribuidos a Tadeo Escalante (1803), uno de los últimos pintores de la Escuela Cusqueña. Es un pueblito situado a tan sólo cuatro kilómetros de Andahuaylillas. El mayor atractivo de Huaro es, sin duda, su iglesia, a un lado de la amplia plaza. Para poder visitarla es necesario buscar al ecónomo, que es el encargado de las llaves. En la plaza se encuentra también la municipalidad y un gran reloj.
Ubicación
El poblado de Huaro esta ubicado a 4 kilómetros más al sur de Andahuaylillas (41 kilómetros de Cusco). El paisaje de la zona aledaña al poblado muestra un piso quechua que en la parte baja comienza sobre los 3,080 m. Sobre el nivel del mar y se encuentra ubicada sobre una terraza aluvial, cultivada en casi toda su extensión con maíz, mientras que las partes altas de los cerros adyacentes que sobrepasan los 4200 m.s.n.m., presenta pequeñas planicies para la crianza de camélidos sudamericanos y cultivos rotatorios de papa en Sullumayo y junto a las lagunas de Pumacocha y Yanacocha.
Descripción
En la plaza de esta pequeña comarca yace una blanca iglesia, que cuando no es época de fiesta luce desierta. Le antecede una alfombra de cantos
rodados que forman elaborados diseños en el piso. El templo colonial de Huaro posiblemente fue construido desde el Siglo XVII y terminada en el Siglo XVIII. Su estructura está conformada por una planta clásica de una sola nave, fachada del primitivismo clásico con decoraciones nativas, torre españada, techo de palos armados en doble vertiente. Una vez dentro, destaca su altar renacentista, uno de los más antiguos del país, pero lo más fascinante de este templo son, sin duda, las pinturas murales que flanquean la puerta de entrada. La libertad y la originalidad del artista Tadeo Escalante tienen su principal expresión en las pinturas murales de Huaro, que muestran un singular arte que combina lo popular y el barroco en una original elaboración que asombrará al visitante. El mural del infierno, que ilustra la portada, obra de este pintor cusqueño del virreinato, muestra una independencia de influencias foráneas y el comienzo de la gran tradición de la pintura mural andina de trazos ingenuos y originales. La muerte está continuamente representada y asombrosos seres, que combinan rasgos humanos y animales, forman parte de este universo de imágenes que relatan la vida después de la muerte y el terror del mundo de las tiniebla.
rodados que forman elaborados diseños en el piso. El templo colonial de Huaro posiblemente fue construido desde el Siglo XVII y terminada en el Siglo XVIII. Su estructura está conformada por una planta clásica de una sola nave, fachada del primitivismo clásico con decoraciones nativas, torre españada, techo de palos armados en doble vertiente. Una vez dentro, destaca su altar renacentista, uno de los más antiguos del país, pero lo más fascinante de este templo son, sin duda, las pinturas murales que flanquean la puerta de entrada. La libertad y la originalidad del artista Tadeo Escalante tienen su principal expresión en las pinturas murales de Huaro, que muestran un singular arte que combina lo popular y el barroco en una original elaboración que asombrará al visitante. El mural del infierno, que ilustra la portada, obra de este pintor cusqueño del virreinato, muestra una independencia de influencias foráneas y el comienzo de la gran tradición de la pintura mural andina de trazos ingenuos y originales. La muerte está continuamente representada y asombrosos seres, que combinan rasgos humanos y animales, forman parte de este universo de imágenes que relatan la vida después de la muerte y el terror del mundo de las tiniebla.

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